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A por el pan

Cuando bajar a por el pan es la única oportunidad que se tiene para sentir el aire y el sol en la cara, un corto recorrido hasta la tienda del barrio se transforma es un viaje donde poner todos tus sentidos alertas. Y es que he venido a mi barrio natal, con mi padre, a pasar estos días de confinamiento, un barrio con calles peatonales y bastantes zonas verdes con arbolado algo maduro, el barrio tiene ya más de 30 años.

Si bien, el trayecto hasta la tienda no me hace pasar por los parques del barrio, si lo hace por sus jardines, jardines asentados con arbolado de buen porte, principalmente olivos; setos, rosales, lirio… todo ello tamizado por gramas, dientes de león y otras herbáceas. Y es que por fortuna desde hace años el jardinero de mi barrio es Benjamín Sanz, conocido rastreador, que ha creado unos jardines preciosos con vegetación autóctona lo cual favorece al resto de biodiversidad.

Las palomas echan de menos el trajín de la gente, lo cual les facilita alimentarse, ocurre lo mismo con los gorriones… sin embargo esa ausencia de humanos también ha hecho que no se “cuiden” las zonas de césped que están produciendo semillas, al no ser segadas, y que son el sustento para los granívoros del barrio. Las palomas, tanto torcaces como domésticas, y las tórtolas turcas ya están afanadas en sus nidos, como muchas otras aves, y son uno de los grupos más “agradecidos” en nuestras observaciones desde la ventana.

En esas calles anchas con almeces de hasta 10 metros, se esconden entre sus recién salidas hojas infinidad de aves como verdecillos, verderones, jilgueros, que ahora se escuchan con tanta facilidad ante la falta de ruido. El mirlo sobre sale de todos los cantos, en las antenas y muchas veces de noche marca incansablemente su territorio. Antes también le acompañaba en la nocturnidad del canto el petirrojo pero ya ha abandonado su lugar de invernada para partir al norte.

Hago cola para entrar a la tienda, hay una sinfonía de cantos de aves que me tiene embelesado hasta que percibo algo con el rabillo del ojo. Mi cabeza gira rápidamente y mi mirada encuentra un destello en la lejanía, una picaraza (como llaman en Aragón a la urraca) acaba de llegar al césped, majestuosa con esos andares gráciles y chulescos. No me extraña que los buitres las usen como señales visuales para encontrar carroña en el campo, y hablando de los buitres justo pasa uno por encima, alzaba la vista para buscar golondrinas o aviones, estos últimos los he oído antes de bajar a por el pan.

Vuelvo, haciendo una lista mental de las especies observadas u oídas. Un sonido procede de un sauce llorón, una melodía aguda que sube para luego bajar. Es el melodioso canto de un mosquitero musical, especie que ahora mismo esta de paso. Ya en casa algo más feliz al disfrutar de 13 especies de aves y resignado a seguir mirando por la ventana para ver aves, espero el momento de volver a bajar a por el pan por aquello que dice el refrán “Las penas con pan son buenas”.

Ricardo Pérez

Guía ornitológico de BIRDS & TRECKS